¿Qué es la Nutrición Simbiótica o Probiótica?

Si te preocupas por tu alimentación y tu salud holística, seguro que sabes lo que es la nutrición simbiótica. Este concepto junto al de probióticos, si bien no son exactamente nuevos, sí lo es en su reformulación de la microbiota intestinal y el papel fundamental que esta juega en nuestra salud.

Cuando Hipócrates decía “que tu alimento sea tu medicina y que tu medicina sea tu alimento” en realidad estaba sentando las bases de lo que hoy podríamos llamar la alimentación consciente.

Y es que nuestro organismo no trabaja solo, necesita del sol, el aire, el agua, y también de buenos alimentos que nos den salud. La industrialización de la alimentación echó por tierra buenos hábitos, y promovió una dieta completamente inadecuada.

De allí que muchas enfermedades estén relacionadas con lo que comemos: diabetes, hipertensión, obesidad, problemas gástricos, la enfermedad celiaca y un etcétera inacabable.

 

Microbiota Intestinal, ¿qué es?

Estudios recientes han demostrado que “no estamos solos”. No, aún no hemos encontrado vida fuera del planeta Tierra, la encontramos dentro de nuestro cuerpo.

El organismo de los mamíferos hospeda un ecosistema microbiano que coloniza el tracto intestinal, de hecho, la microbiota intestinal que allí reside es una de las comunidades más densamente pobladas del planeta, más que los océanos, el suelo y el subsuelo.

Este insólito descubrimiento se hizo gracias al desarrollo de nuevas herramientas para el estudio de la biología molecular, que ha permitido estudiar con más detenimiento la microbiota intestinal.

De aquí han surgido numerosos estudios que dan cuenta de lo mucho que ignoramos y lo mucho que en el pasado nos hemos equivocado con respecto al mundo bacterial y microscópico que nos rodea y nos conforma.

Asumimos que todas las bacterias y los microbios eran malos, y que debían eliminarse. Es verdad que la pasteurización redujo enfermedades producidas por el deterioro de la leche, pero también inauguró la guerra contra las bacterias.

El número de microorganismos que viven y conviven dentro de nuestro cuerpo supera al de nuestras células humanas, ¿no es increíble? Además, se descubrió que la microbiota intestinal incluye no solo las que viven de forma permanente allí sino las que lo hacen de forma transitoria.

Hasta ahora se ha identificado apenas el 30% de estos mcroorganismos a través del Proyecto del Microbioma Humano, y con la colaboración del Proyecto Metagenómico del Tracto Intestinal Humano en Europa, y otros importantes grupos, se espera seguir identificando más microorganismos.

Y es que la relación entre ellos y lo que comemos es indiscutible. Cuando la microbiota se altera y produce reacciones adversas en el organismo, se dice que hay disbiosis; la disbiosis, por tanto, genera malestar y enfermedad.

De allí la importancia de que haya siempre simbiosis entre lo que ingerimos y nuestros microorganismos, tan numerosos, invisibles e importantes que ya es imposible seguir ignorándolos. Por eso nació el concepto de nutrición simbiótica.

 

Nutrición simbiótica, ¿qué es?

Podemos vernos como un superorganismo que hospeda a millones de microorganismos. Somos un microcosmos, pues dentro de nosotros se desarrollan otras clases de vida, la bacteriana y la microbiana, en perfecta armonía. Es decir, en simbiosis.

Decíamos antes que la industrialización alimentaria introdujo en la dieta alimentos dañinos, excesivamente refinados, y que eso ha promovido la aparición de diversas enfermedades.

Lo interesante es que esa simbiosis no es solo a nivel intestinal. Está comprobado que cuando los niños crecen en ambientes demasiado asépticos, su sistema inmune no se desarrolla de forma normal y es cuando aparecen las alergias, e incluso el asma.

En otras palabras, crecer en un ambiente sano significa relacionarse con los microbios y bacterias que allí residen, para que nuestro cuerpo aprenda a luchar contra las enfermedades reales.

Claro que la limpieza es necesaria; el médico que descubrió la relación entre unas manos sucias a la hora de atender los partos, y la altísima mortalidad de las parturientas dio un paso indispensable en las intervenciones quirúrgicas.

La limpieza es necesaria en muchos ámbitos, y hay que enseñarles a los niños a lavarse las manos antes de comer. Pero no hay que evitarles el contacto con las bacterias en general para que su sistema inmune crezca fuerte y su sistema digestivo se acostumbre a romper eficientemente todos los nutrientes que aportamos. Jugar al aire libre, el contacto con mascotas y los alimentos frescos son perfectas para eso.

Beneficios de la nutrición simbiótica y probiótica

Pero volviendo a la nutrición simbiótica o probiótica, tenemos un enfoque holístico de nosotros como humanos, pero formando parte de algo más grande, la naturaleza. No estamos solos aquí en la Tierra, nos acompañan otros seres vivos que debemos respetar, fuera y dentro de nosotros.

La microbiota intestinal es la responsable de varias funciones indispensables: asimilación de los nutrientes de lo que comemos; establecimiento de las bases del sistema inmune; eliminación de sustancias tóxicas; control de microbios patógenos si crecen de más, y fabricación de una buena parte de los neurotransmisores que van al cerebro.

En otras palabras, cuando hablamos de nutrición simbiótica hablamos de una alimentación que cuida y mantiene en buen estado la microbiota intestinal.

Así, la nutrición simbiótica estudia la relación de los alimentos que ingerimos, su relación con la microbiota y con el cerebro, y las emociones que sentimos. Hay que aprender a comer los alimentos adecuados.

Naturalmente todos los productos y alimentos prebióticos y probióticos que encontramos en farmacia, parafarmacia y supermercado pertenecen a la clase de nutrición simbiótica, especialmente los derivados de fermentación. Pero nos gustaría resaltar especialmente aquellos que provienen de fuentes naturales sin alterar, es decir, podemos tomar yogurt pasteurizado de leches procesadas, pero la cantidad de probióticos será infinitamente menor que un yogurt natural hecho en casa.

En el curso gratuito de Nutrición Simbiótica que tenemos podrás conocer el poder de estos probióticos que promueven la buena salud intestinal y como intervienen en nuestros procesos de apetencia y alimentación.

 

¿Qué son los alimentos fermentados?

Son una manera de preservar el ecosistema bacteriano con buena salud, y los alimentos fermentados probióticos representan la solución.

A lo largo de nuestra historia humana los hemos utilizado aun sin darnos cuenta: el homo erectus, el homo sapiens y luego todos los que llegamos, comíamos frutas caídas ya en proceso de fermentación.

El tiempo nos ayudó a ir descubriendo cosas para controlar este proceso, haciendo que nuestros alimentos durasen más tiempo y fuesen más nutritivos.

Hay evidencias de “fermentación controlada” (casi todas relacionadas con la producción de alcohol) en China, con una antigüedad de 7.000 años; en Egipto, con 3.000 años, y en algunas sociedades prehispánicas, como México, con 2.000 años.

La medicina ayurvédica es un ejemplo maravilloso de utilización de alimentos fermentados. Es decir, aprendimos el valor que tienen para nuestro cuerpo. ¿Cómo pudimos olvidarlo?

Los alimentos fermentados son más digeribles y nutritivos, ya que las bacterias que tienen han hecho parte de la digestión. Pero también aumentan la presencia de vitaminas, como las del grupo B y la K2, esta última muy difícil de encontrar en alimentos no fermentados, y esencial en la salud ósea y coronaria.

Alimentos probióticos que podemos encontrar

¿Cuáles son estos alimentos? En principio, todas las verduras y frutas. Es decir, debemos incluirlas en nuestra dieta cotidiana en sus diversas preparaciones fermentadas, como el chucrut o los encurtidos de hortalizas en salmuera (mejor que en vinagre). ¡Pero ten en cuenta que no todos los alimentos modernos derivados de la fermentación conservan sus propiedades probióticas! La industria alimentaria prefiere conservar sus alimentos durante meses a base de químicos que venderte productos con microvida que puede beneficiarte pero estropear los alimentos antes.

El yogur y el kéfir naturales (de origen no pasteurizado) así como muchos quesos son los alimentos probióticos por excelencia, derivados de la leche. Lo interesante de ellos es que reducen la cantidad de lactosa y aumentan la disponibilidad de nutrientes, como el ácido linoleico conjugado, la biotina o la vitamina B12. Son unos potentes probióticos que promueven la simbiosis entre las bacterias de nuestro intestino, e incluso son tolerados por las personas que sufren de intolerancia a la lactosa.

Otros ejemplos de excelentes probióticos son las bebidas de fermentación a base de frutas, mieles o plantas, y la fruta seca tan popular en algunos países. Por otro lado, y a riesgo de extender demasiado el post, en Asia de siempre se han conocido especias y misos probióticos como la cúrcuma, el ajonegro, el humus… hasta existe un té fermentado, el kombucha, consumido en China desde hace más de 2.000 años, que promueve la salud hepática y aporta un montón de bacterias benéficas.

Como vemos, la nutrición simbiótica abarca aspectos importantes del entorno y de la forma en que cocinamos nuestros alimentos. Si te interesa tenemos un curso completo de Fermentados Orgánicos sobre como hacer bebidas fermentadas no-alcohólicas ricas en probióticos en nuestra propia casa con cosas que tenemos en la cocina.

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