Los bancos crean y emiten créditos a cambio de promesas

“Se crean medios de pago a cambio de nuestra promesa de que en un mes le pagaremos al banco 1.000 onzas de oro. ¿Cree usted que una deuda con el banco no es “nada”? Si tiene una hipoteca, dudo que mantenga por mucho tiempo esa opinión: el derecho a recibir dinero es un activo tremendamente valioso (sobre todo si se termina pagando).” (Cómo crean dinero los bancos, artículo de Juan Ramón Rallo).

Rebatiendo al profesor Rallo: ¿Por qué no es correcto que los bancos creen y emitan créditos, a cambio de nuestra promesa de devolverlos?

Lo que está diciendo el profesor Rallo es que, en la medida en que el prestatario sea capaz de devolver los bienes futuros —es decir, de devolver en el futuro el crédito concedido—, éste no habrá sido creado de la nada. Pero es que es evidente que, independientemente de que el crédito se devuelva o no, sí ha sido creado de la nada.

     El banco recibe el dinero del prestamista, y éste a su vez recibe sustitutos monetarios (un ingreso en su cuenta bancaria), por lo que no existe ningún tipo de renuncia por su parte.

      Un crédito consiste en la entrega de bienes presentes a cambio de bienes futuros; es decir, en entregar una cosa hoy, a cambio de recibir una cosa más valiosa mañana. En todo crédito, el que tiene que ahorrar es el prestamista, al entregar sus bienes presentes. Si una persona lleva al banco su dinero, y éste queda ingresado en su cuenta bancaria, evidentemente no está renunciando al dinero que presta, porque podrá realizar pagos cuando quiera por medio de su tarjeta bancaria.

En la definición del profesor Rallo, en cambio, pareciera ser que el que tiene que ahorrar es el prestatario, al devolver los bienes futuros. Pero es que el prestatario, por descontado, siempre tiene que devolver los bienes que se le prestan. Si se quiere entender esto como un ahorro —al implicar un esfuerzo y sacrificio por su parte—, pues bueno. Pero esto no exime al prestamista de tener que ahorrar él previamente.

En un crédito con ahorro, el prestamista no debería recibir ningún ingreso (sustitutos monetarios) al dejar su dinero en el banco. Únicamente debería recibir la promesa de que le será devuelto cuando vaya a retirarlo. Sólo así renunciaría realmente a su dinero porque, si quisiera sacarlo antes de que el prestatario lo hubiese devuelto, tendrían que entregarle el dinero de otro prestamista y, en conjunto, todos ellos tendrían que estar renunciando a la disponibilidad inmediata de tanto dinero como el banco hubiese prestado.

En definitiva: El prestamista debe renunciar al dinero que deja en el banco (no tiene que recibir ningún tipo de sustituto monetario, ni de ingreso en su cuenta bancaria); y sólo entonces el banco podrá prestarlo. De lo contrario, dos personas estarán utilizando a la vez los mismos medios de pago (cada una en un formato diferente), y se creará una doble disponibilidad. Se tratará, por lo tanto, de un crédito creado a partir de la nada, o de la ausencia de ahorro.

Artículo basado en un fragmento del ensayo “Mitos de la creación de dinero en la Escuela Austríaca”, de Sara de Mingo Fernández.

Otros libros de la autora:

– Copia de un libro para enfermos (novela publicada por Unión Editorial).
– Versos encadenados que siguen robando tinta (libro de poesía).

www.sarademingo.wordpress.com

 

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